De Esperas y Misterios

Hoy recibí una hermosa noticia: la persona que esperamos (mi hermana y mi cuñado abrieron la puerta a las bienvenidas) es una niña. Espero a una sobrina, Luciana Paulin.

Hoy siento esa cálida y entrañable alegría de las intuiciones confirmadas.

Sé que abrirse a la vida es abrirse al misterio, a algo y a alguien inmenso, profundo, sagrado  y desconocido, y es decir “bienvenido”, o “bienvenida” sin reservas, sin pretextos; es decir “sí” desde el fondo del alma, “sí” a todo lo que es y lo infinitamente más grande, las infinitas posibilidades de una persona que viene a nosotros con todo lo que tiene desingular, con todo lo que tenemos en común…

 Y no hay que confundirse: puede parecer pequeña y frágil, pero es una persona, con toda la fuerza, la grandeza y el enigma de esa palabra…

Pero más allá de los argumentos, ¡qué dulce sentimiento entibia el corazón al poder decir: “¡el abuelo tenía razón y todos los que lo intuíamos también: es Luciana!” ¡Qué bueno que la canción de Tontxu que tenía preparada para enviarle como primer regalo sigue siendo enteramente vigente:

 “A la rueda, rueda que el amor te espera;

En otoño volverá la primavera;

A la rueda, rueda y el doctor repite

Que mi amor es niña y juega al escondite…”

 Qué bueno es poder ir degustando los momentos y decir hoy: “Por primera vez la siento más cerca”.

 Y pienso en ese íntimo misterio que envuelve a los momentos más importantes de nuestra vida: la llegada y la partida. En el instante en el que partió mi abuela, estábamos todos en torno a ella; yo, con mi mano sobre su brazo y todos con una canción para acompañar su viaje. De repente, simplemente se fue, sutil e imperceptiblemente. Estábamos todos, y el misterio…

 Cuando mi hermana me llamó para contarme que había recibido la confirmación de su embarazo, recordé esa sensación y esep ensamiento: ahí estuvieron ella y mi cuñado, ellos, y el misterio…

 Cuántas cosas queremos aprisionar, controlar, medir, atrapar, comprender, cuántos esfuerzos por hacerlo. Y sin embargo,  los instantes decisivos en nuestra vida, en la vida de los demás,  son como hilos tan sutiles que no sabemos exactamente dónde y cuándo empiezan, cuándo terminan; es esa maravillosa unidad y armonía que fluye simplemente: vida-muerte-vida.

 ¿Cuándo llegaste exactamente? Sólo tú y el que te formó lo saben. Es la intimidad en su sentido más profundo.  

Yo te recibo, te doy la bienvenida y me declaro confiada ante  la espera y reverente ante el misterio…