Solamente la Piel
August 17, 2009 by Ana Lucía Vlieg Paulin
Filed under Reflexiones y Poemas
Que termine la plática,
pues hemos ya cruzado los umbrales del templo;
que el pueblo se recoja,
se está por iniciar la ceremonia;
que la paz sea discreta;
que el presidente no abandone el puesto;
que el abrazo no distraiga del silencio…
¿Y tú, dónde estás?
¿Dónde estás tú, Señor de la sonrisa,
amigo de visitas sorpresivas a Betania,
de mesa puesta en casa de Zaqueo,
de abrazos a los niños, de paz que no se apaga…?
¿Dónde estás tú, Señor de la sonrisa?
Que las manos imiten la figura de un trono;
que el pueblo nunca olvide la respuesta indicada;
que hay dos maneras para recibirte…
Y tú, que estás ahí te nos escapas.
Tú, y esa única forma de recibirte el alma,
Tú, Dios de los caminos,
cansado peregrino, maestro desde la barca,
tú, Señor de comidas sobre el pasto,
de espera y esperanza.
Dios de la sencillez, te nos escapas.
Que el espíritu mora en los pastores,
que la verdad de sus palabras basta,
que ayer la devoción sugería el rito,
que la fiesta de hoy obliga y manda…
que mañana…
¿Qué dirás tú cuando llegue mañana?
Dios de la libertad y la conciencia
de hacer el bien en sábado,
y pedir agua a la samaritana,
de leyes que se hicieron para el hombre,
de encontrar fe más grande en otras razas…
Ya dijiste, Señor del corazón,
Señor de la verdad que no se ufana.
Señor de la sonrisa y el abrazo,
maestro de caminos y de barcas,
Dios de la libertad y la conciencia…
¿Dónde queda tu paso peregrino,
el incesante Amar que nos predicas,
tu paz que resplandece,
tu verdad que libera,
el desafío que impone tu coraje…?
¿Dónde queda la luz de tu palabra?
La tuya, que no la de otras voces.
Nos negamos el jugo de la fruta,
la pulpa que alimenta y fortalece,
el néctar que has querido regalarnos;
e igual que con el fruto despreciamos las mieles
y con la piel vacía nos conformamos.
Pero no siempre, no todos;
gracias a ti, Señor de la esperanza.
Ana Lucía Vlieg Q.
19 de octubre de 2000



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