De Hosanna a Crucifícalo

De hosanna a crucifícalo nos vamos

jugando con las horas,

de instante a instante, de aurora a ocaso,

de hosanna a crucifícalo viajamos

casi sin advertirlo.

 Hosanna repetido entre sonrisas

cuando la gratitud toca a la puerta

o la voz del amigo nos convoca

y nos revive el sol y la mirada,

y nos devuelve el árbol que ayer

sembró afanosa nuestra mano,

florecido y cargado de perfume.

 

Hosanna si la palabra halla su cauce

pleno de espacio, libre de sentencia;

y la ventana del oído atento

da paso a nuestras frases 

y se abren los postigos del silencio.

 

Crucifícalo, en cambio, si el amigo

no es pilar, sino caña quebradiza,

si en un momento gris no iza las velas

y elige a sus temores por sobre sus lealtades.

 

Crucifícalo, entonces, si está ausente en presencia,

si no revive el sol ni la mirada

y nos despoja de esa fe inocente

y el árbol que sembramos afanosos

no retorna al portal de nuestras manos

florecido y cargado de perfume.

 

De hosanna a crucifícalo viajamos

por el tiempo que avanza,

mientras tú, el del amor inmutable,

nos miras con tus ojos infinitos,

mientras tú que sembraste la semilla

del amor que es amor con cruz y gloria,

sin crucifícalos y sin hosannas

esperas ver ese árbol florecido

cargado de mil frutos perfumados

regresando al jardín de tu misterio.

 

 Ana Lucía Vlieg

  10 de agosto de 2001

Enter Google AdSense Code Here

Comentarios

Díganos su opinión...!