¿Que Soñar no Cuesta Nada?
March 29, 2008 by Patricia Elena Vlieg
Filed under Reflexiones y Poemas
Será porque creo profundamente en el poder de la palabra, no sólo para expresar, sino también para influenciar lo que pensamos y eventualmente hacemos, que me he acostumbrado a analizar los mensajes que leo y escucho y aquellas frases que casi subconscientemente utilizamos en nuestras conversaciones cotidianas. Y cierto es que en variadas ocasiones, me doy cuenta de que esas frases dichas al vuelo y casi sin reflexionar, revelan más que muchas otras, lo que hay en lo profundo de nuestros pensamientos, en esas recónditas áreas de nuestro ser que a veces ni nosotros mismos descubrimos y reconocemos y que salen a flote cuando menos lo esperamos. Facundo Cabral decía, por ejemplo: “No digas no puedo ni aún en broma, porque el inconciente no tiene sentido del humor y te lo recordará cada vez que intentes hacer algo.” Ayer, leyendo los “nics” de Messenger de mis amigos, tropecé con uno que me quedó resonando en la memoria por largo rato: “¡Despierta! La princesa sólo está en tus sueños. Soñar no cuesta nada.” Desde que lo leí, me golpeó la frase tantas veces repetida (quizá por sentir en las palabras de mi amigo algo así como la impotencia o la decepción del que pierde el ánimo) y casi sin querer, continué pensando en ella aún mucho después de haberme desconectado.¡Que soñar no cuesta nada? Por soñar llegó hasta la muerte en cruz hace más de dos mil años un hombre que soñó en que otra realidad era posible; una realidad en la que los hombres y mujeres pudiéramos dejar de vivir con miedo, esclavos de reglas, etiquetas y prejuicios; una realidad en la que pudiéramos mirarnos y reconocernos como hermanos más allá de nuestras diferencias, hijos todos de un mismo Padre, nacidos de y para el amor y que pudiéramos sentarnos a compartir un lugar en la mesa de la esperanza. Por soñar que podíamos vivir en la libertad del corazón, por soñar que la solidaridad, el respeto a la dignidad de la persona, la justicia y la paz no eran utopías, por soñar que el Reino del amor podía y debía empezar aquí y ahora entregó su vida y muchos han seguido tras esas huellas, tras ese sueño que aún nos inspira. ¿Que soñar no cuesta nada?Soñar le costó a un hombre no sólo decir esas hermosas palabras que han quedado escritas en la historia: “
I have a dream that my four little children will one day live in a nation where they will not be judged by the color of their skin but by the content of their character…”, sino caminar con su gente para vencer las barreras de la injusticia y la ignorancia, soportando la incomprensión, las amenazas, la violencia e incluso dejando su vida en esa lucha.
¡Que soñar no cuesta nada? Soñar le costó a una joven irlandesa entrar en un maravilloso proyecto de amor en el que quiso abrir las puertas del conocimiento y la experiencia de la comunicación a una niña ciega y sorda que llegó a ser un ejemplo de superación y esperanza. ¡Que soñar no cuesta nada?Soñar les ha costado y les sigue costando a tantos dejar su tierra, su familia, su casa, su lengua, por buscar mejores condiciones de vida para los que quieren. Soñar le cuesta a mucha de nuestra gente horas de ausencias y de nostalgias, largas jornadas de trabajo y sacrificio por levantar a una familia y salir adelante con los retos de todos los días a pesar de las fronteras que imponen los sistemas políticos y económicos. ¡Que soñar no cuesta nada?Soñar le costó a mi abuela, como a tantas mujeres de mi familia, dejar su tierra para seguir en pos de un proyecto de amor en el que creían al lado del hombre que habían elegido; un proyecto que en ningún caso ha sido fácil, que ha implicado muchas veces olvidar ingratitudes, perdonar y sobre todo creer en que ese sueño era posible. ¡Que soñar no cuesta nada! ¡Si tú y yo somos hijos de un sueño: el sueño del que nos creó y el sueño de los que un día se encontraron y dejaron que el amor les poblara el alma y aún les alcanza para seguírnoslo entregando con sencillez! ¡Y dice mi amigo que soñar no cuesta nada! ¡Soñar cuesta la vida entera porque, como dice Silvio Rodríguez: No hacen falta alas para hacer un sueño basta con las manos basta con el pecho basta con las piernas y con el empeño. No hacen falta alas para ser más bellos basta el buen sentido del amor inmenso no hacen falta alas para alzar el vuelo. Sí, querido amigo, soñar sí cuesta; soñar con el corazón y con la mente cuesta… La pregunta es sencillamente, ¿nos atrevemos tú y yo a pagar el precio…?



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